Dioses mesopotámicos

Dioses mesopotámicos

La antigua religión sumeria bebía de un panteón politeísta con complejos entramados familiares entre los dioses mesopotámicos, que en muchos casos se sincretizaban y recombinaban entre ellos, en función del momento histórico, político y cultural que se viviera. Sin embargo, algunas deidades mantuvieron su culto en todos los períodos de las civilizaciones mesopotámicas. Los principales dioses dioses mesopotámicos caen en dos categorías, que ahora veremos. Cabe destacar que los mesopotámicos fueron eminentes matemáticos y astrónomos, así que no es de extrañar que sus principales deidades sean relacionadas con algunos astros.

La Tríada de los Cielos:

  • An: Posteriormente conocido como Anu e Ilu en lengua acadia. Es el dios principal de la creación y encarna el cielo. Se dice que los demás dioses mesopotámicos son hijos de An y su consorte Ki, dando lugar a los Anunnaki.
  • Enlil: Es dios del viento, la Tierra y las tormentas. Es el líder de todos los demás dioses mesopotámicos, pues An le concedió la trascendencia. Los sumerios lo veían como un dios paternal, amoroso que se preocupa por el bienestar de sus criaturas. Era tan glorioso que los demás dioses mesopotámicos apartaban la mirada ante su presencia. Este concepto de dios paternal calaría profundamente en las culturas de la región, sirviendo de precedente para deidades posteriores como Yaveh.
  • Enki: Conocido más adelante como Ea. Es el dios de las aguas dulces subterráneas, así como de la magia, la artesanía y la sabiduría. Es el gran benefactor de la humanidad, ya que los ayudó a sobrevivir al Gran Diluvio.

Las Siete Deidades planetarias:

  • Utu: Dios del Sol, pero también de la justicia, la verdad y la moralidad. Hermano de Innana o Ishtar, junto a la cual es ejecutor de la justicia divina.
  • Nanna: también conocido como Enzu o Zuen, es el Señor de la Sabiduría y Dios de la Luna.
  • Nergal: Representado por el planeta Marte. Se le suele relacionar con el Inframundo. En los mitos, es el responsable de la devastación, por lo tanto se le relaciona con la guerra, los incendios forestales, la enfermedad y las plagas.
  • Nabu: Representado por Mercurio. Es el dios de los escribas y de la escritura en general. Posteriormente se le relacionaría con la agricultura y la sabiduría.
  • Marduk: Representado por Júpiter. Es el dios nacional de los babilonios. La expansión de su culto coincide además con el crecimiento de la ciudad de Babilonia. Tras asimilar a varios dioses locales a su paso, se sincretizó con Enlil y se convirtió en jefe de los dioses mesopotámicos.
  • Innana: Representada por Venus. Posteriormente conocida como Ishtar. La deidad femenina más importante de Mesopotamia durante toda su historia. Diosa del amor, la fertilidad, la sexualidad, la prostitución y la guerra. Su historia presenta similitudes con el mito griego de Perséfone. Junto a su hermano Utu es ejecutora de la justicia divina.
  • Ninurta: Representado por Saturno. También conocido como Ningirsu. Se trata de un dios guerrero, campeón de los demás dioses. Fue venerado en Sumeria desde el nacimiento de la civilización. Recuperó las Tablillas del Destino que el pájaro Anzu había robado a su padre Enlil.

Mito de la creación mesopotámico

Según el poema babilónico Enûma Elish, antes de que existiera el cielo (literalmente, antes de que tuviera nombre), Tiamat, diosa primordial de los océanos, y Apsu, dios primordial del agua dulce, se unieron y engendraron a una familia de dioses. Dos de ellos, Kishar y Anshar, tuvieron a su vez otros dos hijos, Ki y Anu, la Tierra y el Cielo. Sin embargo, muchos de estos nuevos dioses molestaban a Apsu y este tomó la decisión de destruirlos. La resolución llegó a oídos de los dioses mesopotámicos con gran espanto.

Uno de los hijos de Anu y Ki, Enki, durmió a Apsu mediante un hechizo y después lo mató. En su cadáver creó su propio palacio, y allí, junto a su esposa Damkina engendraron a su hijo Marduk, que creció fuerte y sano, y su abuelo Anu, lleno de orgullo, le otorgó la perfección.

Pasado el tiempo, Tiamat, resentida por la muerte de su esposo, decidió tomar venganza y creó un pequeño ejército para destruir a los dioses rebeldes. Creó once monstruos, entre los cuales, el poema cita: una hidra, un dragón, un héroe peludo, un “gran día”, un perro salvaje, un hombre-escorpión, un hombre-pez, un demonio feroz y un hombre-toro. Tomo como nuevo esposo a uno de sus hijos, Kingu, le puso a cargo de su ejército y le entregó las Tablillas del Destino, que eran la autoridad sobre los demás dioses mesopotámicos. Así pues lo que Kingu dijera, los demás habían de acatarlo.

Enlil se enteró de las intenciones de Tiamat. Y al ver que ni sus hechizos, ni los de su padre Anu eran efectivos contra ella, le pidió ayuda a su hijo Marduk. El valiente Marduk se armó con un arco y sus mejores armas y se enfrentó a Tiamat y su consorte Kingu, derrotándolos finalmente. Rajó las venas del cadáver de la diosa y aplastó su cabeza con un martillo. Decidió desmembrar su cadáver adecuadamente, esparciéndolo por todos los lugares de la Tierra, creando con él el cielo, los mares, los ríos y las montañas. Los demás dioses se arrodillaron ante él y lo llamaron “Señor”.

Entonces Marduk tuvo una idea, crearía una nueva criatura, pero para ello necesitaba del sacrificio de un dios. Los dioses decidieron que Kingu había envenenado los pensamientos de Tiamat e instigado la guerra, por lo que decidieron que sería el sacrificio correcto. Le dieron muerte y de su sangre Enlil creó a los hombres, cuyo propósito era servir a los dioses mesopotámicos, para que así estos pudiesen descansar.