Nanahuatzin

Si hay una historia interesante que narran los aztecas es la creación del sol. Y justamente Nanahuatzin es el protagonista de esta narrativa. Según la tradición azteca, Nanahuatzin es conocido como el quinto sol de los aztecas. Además, este dios era la personificación de la humildad en la tierra y de las personas. 

Nanahuatzin se caracteriza por ser un hombre muy pobre y muy enfermo que se inmoló por convertirse en la luz radiante de un nuevo sol, luego de ser convocado por los dioses a participar de las ceremonias para conseguir al nuevo Dios

Nanahuatzin, el más humilde los dioses

Nanahuatzin era un pobre dios que poco resaltaba entre los demás. Durante las asambleas que se celebraron entre los dioses, que finalmente terminaron por solicitar un nuevo sol para iluminar el mundo, se presentó Tecciztecatl para ofrecerse como nueva deidad solar

Los dioses le preguntaron lo que tenía para ofrecer, éste, que era un joven muy hermoso, además tenía incontables riquezas, lo cual lo convertía en un perfecto candidato por su hermosura, riqueza y sobre todo su vitalidad y excelente salud. 

Durante la asamblea, los demás dioses determinaron que éste podría convertirse perfectamente en el dios del Sol. Pero también necesitaban un candidato para que fuese el dios de la luna. Preguntaron quién quería ser el candidato para ello pero nadie se ofreció, finalmente los dioses vieron a otro Dios bastante diferente a ellos, se trataba de Nanahuatzin

Éste era un hombre enfermizo, desgarbado que no gozaba de buena salud y que además era muy pobre. Su cuerpo estaba cubierto de llagas y tumores. Los dioses sin pensarlo dos veces le propusieron que se postulara como candidato para ser dios del sol o de la luna. Y él sin chistar, aceptó el ofrecimiento.

Las ofrendas y sacrificios a Nanahuatzin

Por cuatro días Nanahuatzin participó en una serie de penitencias que terminarían en la escogencia de un nuevo Sol, luego de que los dioses decidieran, después de 26 años de haber creado el universo, que era hora de cambiar el sol. Dicho esto, se le determinaron diferentes penitencias y trabajos que hacer para ser dignos de brillar como el sol, a ambos participantes en la contienda.

Recordando que el primero de los candidatos era un joven hermoso y muy rico, las ofrendas que éste ofrecía eran realmente hermosas, muy valiosas, aunque un poco desleales en la competencia, visto que Nanahuatzin entregaba ofrendas y sacrificios a base de su propia sangre, pero Tecciztecatl hacía trampa para ofrecer los sacrificios sin lastimarse. 

Los sacrificios que hacían ambos candidatos para ser declarados como sol y luna, los llevaban a cabo sobre los promontorios de las pirámides del sol y de la luna. Todo esto ocurrió en cuatro días hasta que llegó el esperado momento de la hoguera sagrada, donde serían arrojados los candidatos para convertirse en el sol y en la luna.

El momento del sacrificio de Nanahuatzin

Una vez llegado el momento, Tecciztecatl fue impulsado a lanzarse primero, pero éste intentó hacerlo cuatro veces, siendo infructuosa cada una de ellas. Viendo la cobardía del joven que había demostrado gran riqueza material, se le ofreció a Nanahuatzin lanzarse primero. Éste sin pensarlo dos veces, accedió y ardió en el fuego sagrado para convertirse en el luminoso Sol

Tecciztecatl no quiso quedarse atrás ni parecer cobarde por no haberse lanzado a la hoguera, de manera que tomó valor y se lanzó. Con este acto, quedó declarado como la gran luna. Inicialmente ambos astros tenían el mismo esplendor radiante, por lo que el cielo se iluminaba de la misma forma tanto de día como de noche. Los dioses no estuvieron de acuerdo con esto y quisieron repararlo. 

No podía brillar la luna igual que el sol, porque quien se había inmolado de forma valiente había sido el sol. Lanzaron entonces un gran conejo a la hoguera para opacar el brillo de la luna, y desde entonces iluminan de la forma como la conocemos hoy.